Gory Ruiz, adiós a una leyenda
El pasado viernes, 20 de junio, nos dejó Francisco Tomás Ruiz Pérez, ‘Gory’, uno de los baterías más destacados que han pasado por la isla y al que ya podemos considerar una leyenda. En Sant Josep tuvimos el privilegio de verle tocar a menudo en Can Jordi y otros establecimientos, con Ingo & The Gang, junto a su hijo Yeshe Ryser Ruiz a los teclados, Ingo Brandt, también fallecido el pasado enero, a la voz y a la guitarra, y Laurent Barot al bajo, y más recientemente con Sant Antoni Cowboyz, donde también estaba el propio Ingo, Andy Holdstock a la voz y a la guitarra y Thom Voss al bajo.
“Se fue muy feliz, agradecido y en paz consigo mismo, así que me alegro mucho de que se haya acabado su sufrimiento”, nos comentó su hijo Yeshe al producirse el triste desenlace. Gory se pasó los últimos años de su vida luchando contra un cáncer y tocando por placer y por dar respuesta a la adicción a la música que inevitablemente sienten los verdaderos artistas como él. Verlo disfrutar con las baquetas en las manos, transmitiendo esa facilidad con la que dominaba el instrumento y esa manera de fluir con los ritmos, para él tan natural como respirar, resultaba un inmenso placer.

Último concierto con Sant Antoni Cowboyz, el 5 de diciembre de 2024, en Can Jordi. Foto: Joan F. Ribas
Gory nació en la ciudad de León, en 1948, y se crio entre la capital y el pueblo de San Pedro de las Dueñas, en la Tierra de Sahagún, donde su familia tenía una casa. De chaval fue monaguillo y no tuvo contacto con la percusión hasta la mili, donde empezó a tocar el tambor con la banda del cuartel, explica Yeshe. A través del obituario que ha escrito su amigo de juventud y también músico Jesús García, podemos reconstruir sus principios en la música, que le llevaron a convertirse en “un batería excepcional y un trozo irrepetible de la historia musical de León”.
“Gory fue un pionero autodidacta, un enamorado del ritmo que comenzó en 1965 aporreando tambores en un local del barrio de El Crucero, sin sospechar que se convertiría al poco tiempo en uno de los grandes especialistas del instrumento”. García dice que él formó parte del trío de oro de los mejores baterías que ha dado León, junto a Luis ‘El Negro de Azadinos’ y Gerardo Gómez. “Si bien Luis y Gerardo eran especialistas en ritmos clásicos, caribe e hispanoamericanos (bolero, chachachá, bossa nova, baiao, merengue, samba, cumbia, etcétera), y poco entusiastas de los modernos, Gory, sencillamente, los dominaba también, y además el swing, rock en todas sus modalidades, blues, reggae, soul, rythym & blues, disco, funky…”.

Joachim Kühn y Gory Ruiz
“Temas enrevesados, con tiempos 5/4, 7/8, 13/8, y combinativos, como el 6/8 con 3/8, que pueden volver loco al resto de la banda, para Gory era como quien juega con las palabras o mantiene dos conversaciones de modo simultáneo. Pero lo que mejor puede identificarle como percusionista, era esa especie de traje con esqueleto firme y seguro que construía en cada interpretación, para encarrilar a la banda en una ejecución segura, fortalecida y extraordinariamente estable. Gory tiraba del grupo, se anticipaba en el microsegundo justo con un acento, una variación o un matiz, descargando en los demás sensaciones afines. Su toque era seco, firme y templado. Parece que le sigo sintiendo con ese “tac-tactác-tutu-tu bom”… Impresionante”, añade García, compañero en los escenarios.
Ya en la época, Gory también era un minimalista con la batería: bombo, sólo con el parche trasero, caja y charles. El timbal base y el cencerro (ocasionalmente, en ritmos calientes) eran invitados esporádicos, nunca protagonistas. No necesitaba adornos. Su fuerza estaba en la intención, en la inteligencia rítmica, en la elegancia precisa de cada golpe. “A muchos nos recordaba a McCartney, no sólo por su talento, sino por su carácter autodidacta. Como el genio de Liverpool, Gory aprendió solo, con oído, instinto y sensibilidad. Me contaba que cuando escuchaba una canción, se centraba en la batería, intentando comprender cómo dialogaba con el resto del conjunto”, apostilla Jesús García.
A mediados de los años 60 fundó Los Arañas, un grupo musical pionero en León que evolucionó desde la música pop hasta el soul. Tras su disolución, permaneció como músico residente en la sala Dancing Club de Bembibre. Allí acompañó con éxito a Julio Iglesias, Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat y a otros importantes artistas que pasaron por aquel local a principios de los 70. Luego estuvo con el grupo Los Platinos, junto a Dioni Abril, Tato García y el propio Jesús García, hasta que se vino a Ibiza, a mediados de la década.

Luis Díez, Jesús García y Gory, en León
Aunque vivían tan lejos el uno del otro, Jesús García tuvo ocasión de despedirse de su amigo: “Siempre que venía a León organizábamos una comida en Bembibre o Ponferrada. Teníamos pendientes otras tantas, pero hace unos días recibí una llamada suya: “Te llamo para despedirme de tí, querido amigo. Gracias por tu amistad. Salgo ahora del hospital para casa con cuidados paliativos…”. Me dejó sin voz. Paralizado. Dos días más tarde, reuní el valor para enviarle unas líneas: le dije cuánto lo quería, cuánto admiraba su coraje y que deseaba que el dolor no se impusiera, que se cronificara la enfermedad y nos diera otra oportunidad para vernos. No llegó a leerlo”.
A Ibiza se lo trajo Luis Sanz, otro músico que conocía de León y que ya trabajaba en la isla. Le dijo que había mucho curro y ahí empezó su periplo ibicenco, que se ha prolongado durante medio siglo. Con Luis a la voz y a la guitarra, Evaristo Roig al bajo y él a la batería, montaron la banda Raza a finales de los 70. Eran gente seria, que cumplía y tenían todo el trabajo que querían como músicos, actuando sobre todo en hoteles, haciendo dobletes y tripletes prácticamente a diario durante la temporada.
“No éramos una banda especializada. Hacíamos rock, música disco, pasodobles… De todo”, recuerda Evaristo Roig. “Yo había tocado en Sa Tanca, en Sant Antoni, con la Orquesta Manteca, por donde pasaron Julio Iglesias, Rafaella Carrà y otros artistas. Allí también trabajaban Juan Mena y Willy Ballester, dos prominentes músicos de Barcelona, en la época en que Gerardo Gas llevaba la discoteca. Nos conocimos en Sant Antoni. Con Gory y con Luis empecé a tocar tras regresar de Canarias, donde viví un tiempo, en 1978 o 1979. Casi siempre actuábamos en hoteles de Sant Antoni y Santa Eulària, y así permanecimos más de una década, hasta 1989 o 1990. Como músico, Gory no era un batería muy técnico, pero tenía mucho feeling y podía tocar de todo. También destacaba por su buena muñeca y por ser muy del tipo jazz, que es la música que siempre le gustó. Aunque a veces tocara rock y otros estilos, siempre tiraba hacia el jazz, incluso de carácter. Le gustaba improvisar y hacer cosas nuevas. Y como persona, era muy entusiasta y alegre”, le define Evaristo.

Gory y Evaristo Roig, con una amiga
En aquella época, a los Raza les pasó de todo: “Una vez estábamos tocando en el Glory’s y a Gory le robaron la batería mientras descargábamos el material. Y en otra ocasión, mientras actuábamos en el Hotel Pinet Playa, dos suecos muy borrachos comenzaron a meterse con nosotros en pleno concierto. Se pusieron realmente pesados y nos acabamos liando a bofetadas, aunque no llegó la sangre al río”, añade Evaristo. El bajista también recuerda la etapa mexicana de Gory, cuando se juntó con el pianista argentino Mario Tegli y el bajista mexicano Mario Ballinas, que era una figura del jazz.
La siguiente banda que tuvo en la isla después de Raza se llamó Yatique, un nombre para vacilar a todo aquel que les preguntara su significado, al que automáticamente se le respondía: “¿Y a ti qué?”. Gory ponía la percusión y a la voz y a la guitarra estaba Paco Romero, ‘El Gitano’, que actualmente reside en Formentera, donde sigue tocando casi a diario, y al bajo Klaus Fosterling y también Evaristo Roig, que se alternaron en distintas épocas. “Hacíamos una fusión de flamenco y rumba que sonaba a Ketama y a Raimundo Amador”, explica Roig.

Evaristo y Gory, durante un concierto
Después montó su cuarteto de jazz, Gory Jazz, junto al contrabajista Chema Pellico, que también nos dejó en diciembre pasado, el teclista Luis Garli y la cantante Patty, que procedía del norte de España. Presentaban un show de jazz clásico, al estilo de las damas negras. Con el jazz siguió muchos años, juntándose también a trío con Chema Pellico y el guitarrista Alfredo Souza. “Un día, Leopoldo Irriguible le presentó a Joachim Kühn. Al pianista alemán le gustó mucho cómo tocaba mi padre y empezaron una amistad. Luego se les unió Chema Pellico al contrabajo”, explica Yeshe Ryser. El Joachim Kühn Ibiza Trío actuó muchas veces e incluso llegó a grabar un disco bautizado Aventura.
Son sólo algunos ejemplos de una aventura musical que duró 60 años y en la que también ejerció como director de la discoteca Es Paradís Terrenal durante más de una década. Todos los músicos que hablan de él destacan lo mismo: tenía feeling o, como dicen los gitanos del flamenco, duende. Al conocerse la noticia de su muerte, Joan Barbé, uno de los músicos más creativos y destacados de la Ibiza actual, publicó: “Otra pieza fundamental de la música ibicenca nos ha dejado. Gory fue de los primeros baterías a los que admiré cuando empezaba. Un tío auténtico y gran persona”.
En estos últimos años tocó con sus amigos veteranos y con su hijo, y compartió su vida con Loli, una novia leonesa de juventud con la que se reencontró y que ha permanecido a su lado en este difícil tránsito. Enseñó a tocar a unos cuantos chavales e hizo felices a muchas personas a través de su música y ese talento natural que tenía con la percusión.

Gory Ruiz con su hijo, el músico Yeshe Ryser, en una imagen reciente
El feeling, sin duda, también se lo dejó en herencia a Yeshe, que hoy sigue tocando los teclados y cantando con la semilla de su padre en el interior, y la misma capacidad innata para proyectar el compás, la sensación de dominio y el gusto musical. “Mi padre no estudió en el conservatorio, pero era un autodidacta de los buenos. Siempre decía que él no había estudiado nada, pero no era cierto. Estudió un montón. Sólo que era humilde. Quienes compartieron escenario con él hablan de su feeling y también de su capacidad para saber escuchar y hacer que la banda sonara”.
Yeshe también alude a Gory como alguien que le dejó libertad en el camino, sin renunciar nunca a guiarle. Alguien que supo enseñarle los valores que importan, lo que está bien. Alguien que se marchó en paz rodeado del amor de su familia y amigos.
Así le despidió Yeshe, en un mensaje publicado en las redes sociales, junto a un rótulo que recordaba su nombre y la fecha de su fallecimiento: “Mi primer mejor amigo, mi mentor y guía, mi PADRE. Lo escribo en mayúsculas por qué no existe otro formato más grande. Sin duda no existirían IAs ni tecnologías para abarcar un espacio lo suficientemente grande para que cupiesen las palabras PADRE como el mío se merece. Sé que no todos los casos son así, por desgracia, y hay mucha gente que no ha conocido a su PADRE o, peor aún, que se llevan a muerte los unos con los otros. Sin duda, esa situación ajena a la mía me resulta triste. Yo tuve la suerte de tener un PADRE como pienso que naturalmente tendría que tener todo el mundo. Gracias por acompañarme todo este tiempo y no te preocupes que seguiré tu ejemplo hasta que me toque partir a mí y volvamos a reencontrarnos. Te quiero por siempre y para siempre”.
Descansa en paz, Francisco Tomás Ruiz Pérez, ‘Gory’, y gracias por tantos años de música.
